Se recomienda tener los productos en lugares cerrados, limpios, secos, a temperatura ambiente y con los envases sin abrir.

En el quehacer diario de los talleres de reparación no sólo se encuentran las siguientes operaciones:

  • Reparación.
  • Recogida.
  • Entrega de vehículos o las peticiones de recambios.
  • También existen otras tareas de suma importancia:
    • No solo por evitar sanciones por parte de la Administración.
    • También por ofrecer una buena imagen y un centro lo más saludable e higiénico posible.

Entre esas tareas diarias se encuentra el almacenaje de líquidos de suspensión o frenos, que tiene normativas muy específicas, tanto por su composición como por sus características técnicas y que pueden influir en la calidad de la reparación o en la seguridad. De cómo almacenar correctamente dichos productos hablamos en la entrada de hoy del blog de Reynasa.

Envases propios

Los expertos recomiendan:

  • Seguir siempre las recomendaciones del fabricante y guardar los productos en sus propios envases, sin abrir y en lugares cerrados, limpios y secos a temperatura ambiente.
  • Es fundamental no abrirlos si no se van a utilizar porque por efectos de temperatura, el aire puede entrar y salir de ellos, conteniendo humedad y provocando corrosión en los productos.
  • Si esto ocurriera en los líquidos de frenos, podría descender su punto de ebullición, y por ende, que sea inferior a la temperatura a la que trabaja el sistema de frenos en la zona de las ruedas, provocando graves problemas de seguridad al hundirse el pedal.

Consejos de almacenamiento

En términos generales, el taller debe seguir los siguientes consejos:

  • Productos sin abrir y protegidos de la luz.
  • Si son envases pequeños, pueden almacenarse durante dos años.
  • Si son bidones, duran tres años si se mantienen en posición horizontal.
  • Si se trata de contenedores de acero inoxidable, en atmósfera de nitrógeno pueden almacenarse durante tres años.
  • En caso de que el producto ya esté abierto, habría que utilizarlo en pocos meses por la posible entrada de agua.

Por último, en el caso de los líquidos de suspensión, su almacenaje no es muy distinto al de otros lubricantes. Se debe utilizar antes de cinco años desde su fecha de fabricación, aunque no tenga caducidad. Igualmente, deben estar en lugares cerrados y ventilados, mientras que si están en bidones, estos deben situarse en posición horizontal con las dos bocas paralelas al suelo.