El líquido refrigerante es fundamental para el correcto funcionamiento del motor del vehículo. Además de encargarse de enfriar y regular la temperatura del motor, también funciona como protector contra la corrosión del mismo. El nivel de este líquido debe ser constante y sustituirse cada dos años, aproximadamente o entre 40.000 y 60.000 kilómetros, dependiendo del fabricante. Sin embargo, si se detecta que el nivel disminuye, puede indicar que el coche puede estar sufriendo un grave problema y necesita la intervención del profesional de un taller de reparación de forma inmediata, para evitar así enfrentarse a reparaciones más costosas. Si el coche se queda sin este líquido o el nivel baja demasiado, el motor acabará sufriendo las consecuencias. El descenso de los niveles de refrigeración del vehículo puede indicar que la junta de la culata está afectada. Esta es una de las averías más costosas a las que puede enfrentarse el propietario de un automóvil, una reparación cuya cuantía ascienden hasta los 1.000 euros.
Para solucionar este fallo, el operario del taller mecánico, en primer lugar, debe comprobar si existen o no fugas en el circuito, las cuales suelen ser consecuencia del mal estado de las juntas o manguitos. Si tras este análisis se comprueba que no existe deterioro en dichos elementos, eso significa que el vehículo está consumiendo este líquido, o lo que es lo mismo, indica que está mezclándose con el aceite del motor. Esta avería es una de las más complicadas de solucionar en el taller.
Para comprobar que esto es así, el mecánico observará el depósito del refrigerante, en cuyo interior se percibirán manchas flotando. Pero las manchas no solo pueden aparecer en el tanque, sino que la mezcla de las sustancias calientes también puede estar en el tapón del aceite. En cualquier caso, si se detecta o intuye esta posible avería, lo más recomendable es no circular con el vehículo para no ocasionar problemas mayores hasta ser revisado a fondo por los profesionales mecánicos, ya que el uso continuado de un coche con estos síntomas puede derivar en el fallo por completo del motor.
La falta de líquido refrigerante en un automóvil conlleva que no pueda absorberse el calor del motor, y ante un uso excesivo, este puede terminar por quemarse. En el caso contrario, si en invierno un vehículo presenta un bajo nivel de refrigeración, y además pierde anticongelante, el motor no podrá arrancar, y ante la insistencia de poner en marcha el automóvil, se puede llegar a producir una rotura del circuito.
Como recomendación final, lo más importante es verificar con cierta regularidad el nivel del líquido refrigerante. Es fundamental hacerlo siempre con el motor frío, ya que el motor caliente siempre indicará un nivel mayor al que realmente existe.
*Desde Reynasa informamos que no podemos dar un diagnóstico para una reparación.