¿Merece la pena un volante deportivo?
Sustituir el volante de equipo original por uno deportivo mejora la estética interior del vehículo, pero puede reducir la seguridad en caso de accidente.
El volante es un componente del vehículo que muchos conductores se plantean sustituir en busca de una mejor apariencia. Al fin y al cabo, se trata de una pieza que tenemos constantemente a la vista y que si no satisface el gusto del conductor, probablemente acabe por llevar a un reemplazo del vehículo en no mucho tiempo. Sin embargo, hay una alternativa mucho menos drástica, que es sustituir el volante por uno de carácter deportivo. Pero… ¿realmente merece la pena? ¿En qué se diferencia de un volante de serie? ¿Qué ventajas e inconvenientes tiene disponer de un volante deportivo? De todo ello hablaremos en la siguiente entrada del blog de Reynasa.
¿En qué se diferencia un volante deportivo de uno de serie?
Un volante deportivo se distingue de uno de fábrica por muchas cosas, pero una salta a primera vista: el tamaño. El volante que simule a uno de competición será siempre más pequeño que uno de serie y, por ende, más ergonómico. Esto significa que los conductores altos podrán maniobrar de mejor manera que en uno de serie, que suele tener unas mayores dimensiones, dejando menos espacio entre el cuerpo de la persona.
Además, sus formas también son muy características. Mientras en los volantes de equipo original de los vehículos no quedan espacios entre la parte externa y la interna, en los volantes deportivos sí se dejan huecos que permiten un mejor agarre y, por tanto, un firme control en todo momento del volante. Por eso, al margen de la mejor apariencia en el volante deportivo, sus defensores argumentan también que es más fácil de conducir el automóvil. Incluso, aunque no siempre se permite, un volante deportivo puede retirarse al salir del vehículo y que el conductor se lo lleve para evitar el robo del mismo.
Desventajas de un volante deportivo
Repasadas algunas razones para valorar el cambio a un volante deportivo, también hay que hablar de los inconvenientes. Y el principal es la seguridad. Pese a que la mayoría de volantes deportivos cumplen con la normativa y cuentan con certificado de calidad (siempre hay que revisar este aspecto), sus prestaciones en esta materia son menores que los volantes de fábrica. En primer lugar por el material del que están hechos, ya que en muchos casos son de metal, en lugar de los plásticos duros o cuero que pueden llevar los de serie. Y en segundo y más importante, porque no llevan airbag para el conductor, lo que sin duda es un hándicap para su elección.
No hay que perder de vista que, en caso de accidente, los volantes de equipo original están pensados y diseñados para dañar lo menos posible al usuario, suavizando el impacto, algo que no ocurrirá con el volante deportivo. Además, este puede requerir de piezas adicionales para su adaptación, aumentando el coste total de la operación, ya sea para su uso corriente o para que no obstruya determinados instrumentos del panel o del salpicadero, algo que suele suceder a menudo.